Las protestas, los saqueos y los enfrentamientos con la Policía que conmocionan a Francia exponen una crisis que va más allá de los episodios de violencia. Así lo planteó la politóloga Alexandra Morales, quien analizó desde Madrid, en una entrevista con LG Play, los factores políticos, económicos y sociales que atraviesan Europa y alimentan el malestar ciudadano.
Según explicó, el conflicto comenzó con manifestaciones estudiantiles que reclamaban mayores recursos para la educación pública, mejoras en los establecimientos y más docentes. Con el correr de las semanas, las movilizaciones registraron episodios de violencia y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en distintas ciudades y municipios franceses.
La escalada alcanzó un nuevo nivel durante el último fin de semana, cuando se registraron incendios, saqueos y más de 2.400 detenciones, según los datos mencionados durante la entrevista. Frente a esa situación, varias localidades establecieron toques de queda parciales o totales para intentar contener los incidentes.
Morales señaló que el presidente francés, Emmanuel Macron, distinguió entre el derecho a manifestarse y la actuación de grupos que, según su interpretación, aprovecharon las protestas para organizar hechos violentos.
El desgaste de Macron y la disputa política
Para la politóloga, la crisis también debe analizarse en el contexto del desgaste del gobierno francés. Morales sostuvo que Macron lleva una década al frente del país y enfrenta un escenario político complejo, con elecciones previstas dentro de seis meses.
A su entender, la conflictividad social se combina con una fuerte fragmentación parlamentaria, en la que distintos espacios políticos tienen dificultades para alcanzar acuerdos.
En ese escenario, la disputa entre el oficialismo y la oposición se intensificó. Marine Le Pen, principal adversaria política de Macron y una de las figuras mejor posicionadas de cara a las próximas elecciones, responsabilizó al Gobierno por la situación. Desde el oficialismo, en cambio, apuntaron contra la extrema izquierda y la acusaron de intentar desestabilizar al Ejecutivo.
Morales advirtió que esa dinámica de acusaciones cruzadas deja en segundo plano los problemas que afectan directamente a la población, entre ellos las dificultades en la educación y el aumento del costo de vida en las grandes ciudades.
Una crisis que trasciende las fronteras de Francia
La politóloga también llamó a evitar una mirada uniforme sobre Europa. Si bien reconoció que existen problemas compartidos, señaló que cada país tiene particularidades políticas y sociales. Como ejemplo, mencionó los graves incidentes registrados en Milán, en el norte de Italia, una de las regiones más ricas del país.
A ese panorama se suman las tensiones internacionales derivadas de la guerra entre Rusia y Ucrania y el papel de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Según Morales, el orden mundial que se mantuvo durante décadas está cambiando, con consecuencias para Europa y otras regiones.
La guerra impulsó, además, un aumento de los recursos destinados a defensa y armamento dentro de la Unión Europea, junto con mayores exigencias a los países miembros para que contribuyan a ese presupuesto.
En el plano interno, Morales identificó la inmigración como otro de los ejes de disputa política. Según explicó, las fuerzas de extrema derecha de Francia, España e Italia apelan a discursos nacionalistas y vinculan parte de los problemas económicos y sociales con la llegada de migrantes.
En Francia, esa narrativa forma parte de las críticas de Le Pen al gobierno de Macron. En España, en tanto, Vox y, en menor medida, el Partido Popular responsabilizan al Ejecutivo de Pedro Sánchez por distintas consecuencias de su política migratoria.
Sin embargo, Morales recordó que los gobiernos europeos también enfrentan un problema demográfico: el envejecimiento de la población y la disminución relativa de las generaciones más jóvenes amenazan la sostenibilidad de los sistemas jubilatorios.
En ese contexto, sostuvo que la inmigración también responde a necesidades económicas y laborales de los Estados, siempre que existan mecanismos que permitan controlar los flujos migratorios y favorecer la inserción de quienes llegan.
La crisis habitacional y el malestar en España
Durante la entrevista con LG Play, Morales se detuvo especialmente en la situación española, donde la crisis habitacional se convirtió en uno de los principales focos de protesta.
En la Puerta del Sol, en Madrid, un espacio neurálgico de la ciudad y uno de sus principales puntos turísticos, continuaba una acampada como forma de reclamo. La protesta refleja las dificultades de acceso a la vivienda y el aumento del costo de los alquileres en las grandes ciudades.
La politóloga explicó que se trata de un problema que lleva varios años y que se agravó, entre otros factores, por la compra de edificios enteros por parte de capitales extranjeros, una dinámica que presiona sobre los precios de los alquileres.
Madrid, Barcelona y Bilbao figuran entre las ciudades más afectadas por estas dificultades. A esto se suma una pérdida del poder adquisitivo que, según Morales, no ha sido compensada por los salarios.
La especialista también mencionó los decretos de emergencia habitacional aprobados en España mediante una comisión de emergencia, después de la disolución de las Cortes vinculada con la convocatoria electoral prevista para el año siguiente. Esas medidas buscaban responder a los reclamos ciudadanos mediante una mayor protección para los inquilinos y mecanismos de control de precios.
No obstante, advirtió que las dificultades económicas persisten y que las respuestas políticas no terminan de resolver el problema de fondo.
La inmigración vuelve a aparecer en ese debate. Morales explicó que el gobierno de Sánchez impulsó una política de mayor apertura migratoria, con el objetivo de facilitar la incorporación de trabajadores a la economía, en un país que también necesita compensar el envejecimiento de su población.
Las nuevas generaciones exigen respuestas
Para Morales, el malestar que se manifiesta en las calles europeas está relacionado con problemas económicos acumulados durante años. La pandemia profundizó las dificultades de numerosos países para contener la inflación y recuperar el poder adquisitivo, mientras que los salarios quedaron rezagados frente al costo de vida.
En España, la crisis de 2008 había impulsado a numerosos profesionales a emigrar hacia Alemania y los países nórdicos en busca de mejores oportunidades laborales. Casi dos décadas después, según la politóloga, persiste una dificultad central: aunque existen empleos, los ingresos no siempre permiten sostener el nivel de vida al que buena parte de la población estaba acostumbrada.
Morales consideró que esa situación se repite, con diferencias, en distintos países europeos y contribuye a explicar la creciente conflictividad social.
“Lo que estamos viendo son estas sociedades o estas nuevas generaciones reclamando: necesitamos soluciones ahora, porque estos problemas se han iniciado quizás hace 10, 15 años”, sostuvo.
La especialista concluyó que la incertidumbre se convirtió en un rasgo central del escenario europeo. Aunque muchas sociedades habían alcanzado niveles de estabilidad antes de la pandemia, los problemas económicos, habitacionales y políticos erosionaron esa percepción.
El resultado, según su análisis, es un malestar que dejó de expresarse solamente en el debate político y comenzó a ganar las calles, con protestas que ponen a prueba la capacidad de los gobiernos para responder a demandas que llevan años sin encontrar una solución.